“Gracias por el halago, supongo…” Observas al joven frente a ti y sonríes, aún avergonzado. “No suelo tocar para mucha gente… Pánico escénico, ya sabes. Supongo que tú también haces algo de música? Digo, tienes ese… aire… o algo. Como sea.”
Miras tu reloj de pulsera y te das cuenta de que aún queda tiempo para el almuerzo, así que decides guardar el resto de tus cosas (bajo la intensa mirada de Dave, pero qué se le va a hacer), y miras al chico con una sonrisa. “¿Vas a almorzar o algo? Yo iba a cocinar, pero en realidad tengo una flojera horrible, así que mejor voy a ver qué tienen en la cafetería. Sólo espero que no tenga maní… O Betty Crocker.” tiemblas ligeramente y tu rostro muestra una pequeña expresión de disgusto. Revisas por última vez que todo esté en su lugar y sonríes expectante, esperando una respuesta de (wow, es extraño decir esto) tu compañero de cuarto.
Alzas la ceja y estás más que seguro que la expresión de sorpresa e incredulidad es más que patente en tu rostro. ¿Cómo puede una persona con tanto talento estar insegura de su habilidad? Sabes que está siendo modesto, pero modesto de verdad, y aquello te llama la atención. Es un chico, es sincero ¿eso existe de verdad? Parece casi utópico, mas ahí está, frente a ti y conversando con alegría y felicidad tan… ajenas a ti.
Al notar que dice “tienes ese aire” una sonrisa ladina aparece en tu rostro. ¿Aire de músico? ¿En serio? “Huh, dude, la música es mi alma, el ritmo mis latidos y mi sangre son puras notas. Si no quisiera lo que quiero seguro me dedicaría a ella a tiempo completo” comentas como nada mientras te levantas de la cama para, con orgullo, dar unas palmadas a cierto artilugio que se esconde tras una gran cubierta. No es que te guste alardear, pero cuando se trata de tus tornamesas no puedes evitar mostrar cierto aire energético y seguro sobre ti mismo. Estas orgulloso de ti y de tu habilidad, no hay dudas al respecto. Bien le darías una demostración de música al chico, le mostrarías toda tu arrolladora habilidad, mas, aun así, no crees correcto hacerlo de esa manera.
El ambiente a tu alrededor es calmo. Los restos de las notas del teclado desvaneciéndose en el aire mientras tu mirada vuelve a encontrarse con el cuerpo del otro mientras ordena. No sabes por qué, pero el otro tiene algo que no te permite despegar tus ojos de él. No lo entiendes, en lo absoluto, así que le restas importancia. Tus pensamientos son rotos de la nada por sus palabras, por su sonrisa y lo que tiene que decir en sí. Ante las menciones que hace recuerdas el paquete de maní en tu bolsillo que, ya olvidado, rogaba por ser comido. ‘Oh, Dave, sabemos que tienes hambre. ¡Cómenos!’ … Si los maníes hablaran estás más que seguro que te dirían, eso, hell yeah. Asientes a tus propias pensamientos y luego te decides a contestar al chico. “Nah, no me gusta comer con los demás. ¿Para qué si puedo disfrutar de mi comida en mi cuarto?” ignorando el hecho de que el otro mencionó con repudio a los maníes sacas tu almuerzo frente a él. A ti te gustan y te da lo mismo si al otro no. No le ibas a compartir tampoco. “Esto por hoy. Otro día me pago un sándwich o algo”.Y es que te da pereza prepararte algo.
Al ver cómo Dave se muestra tan orgulloso de su habilidad musical, tratas lo más posible de no soltar una risita. “Me encantaría tener la mitad de la confianza que tú tienes, Dave. ¡Un día tienes que mostrarme!” Exclamas mirando con curiosidad el artefacto que el rubio trataba con tanto cariño. No estás seguro de lo que es, pero wow, luce bastante grande.
Dave es interesante, por decirlo menos. Le gusta alardear y sin duda es bastante cool, pero también tiene algo cercano. Lo cual era extraño, porque en el tiempo en el que lo has visto con otra gente parece frío e inalcanzable. El típico coolkid que toda escuela necesita. Sin embargo, al estar a solas con él, es casi… un chico normal? Con sus intereses y la manera en la que se maneja alrededor tuyo, como si fueras alguien a quien ha conocido por años.
Y para ti es exactamente lo mismo.
La brisa en la habitación es casi imperceptible, pero puedes sentirla. Uniéndolos en un círculo.
Wow, espíritus del aire o lo que sea. Eso es increíblemente cursi.
Te encoges de hombros ante su negativa, en cierto modo la habías previsto. Le sonríes y apuntas a la puerta. “En ese caso, yo iré ahora. Y por favor, bota el paquete a la basura afuera cuando termines; no quiero tocarla por accidente. Lo siento, pero las alergias son terriblemente incómodas.” Sonreíste una vez más y te fuiste de tu habitación, sintiéndote más tranquilo y animado que en todo el resto del día.
Tenías un amigo. Estabas seguro de ello.