hehehe~
dave se me adelantó.

ironies-and-shit:

magicpchooo:

john egbert reportándose desde la cama!! uuugh. odio enfermarme. espero mejorarme pronto… encima dave está diciendo no sé qué de una fiesta y tengo la impresión de que será una noche muy larga.

se me hace raro dormir solo ahora. bleh.

ahora con su permiso, iré a tirarle una almohada a cierto flojo que se aprovecha de la situación.

egbert the fuck
lo del cojin no fue justo estaba ocupado con una mierda importante man
y si hay fiesta
estabas durmiendo cuando gamzee me llamo y por eso no te enteraste de nada
no voy a volver hasta como las dos o seis de la mañana si es que vuelvo
so yeah
no me extrañes

hm, no te veo muy ocupado pero ok.
voy a cerrar con llave en la noche, así que lleva las tuyas o algo. cuídate, ok? no quiero que después llegues hecho un desastre.

y nadie te va a extrañar, geniecillo.

dave se me adelantó.

john egbert reportándose desde la cama!! uuugh. odio enfermarme. espero mejorarme pronto… encima dave está diciendo no sé qué de una fiesta y tengo la impresión de que será una noche muy larga.

se me hace raro dormir solo ahora. bleh.

ahora con su permiso, iré a tirarle una almohada a cierto flojo que se aprovecha de la situación.

a falta de jugo de manzana la vida te da fanta

ironies-and-shit:

little-sober-clown:

ironies-and-shit:

puedo sobrevivir

Prefiero el Faygo, tú también deberías, todos deberían.
-Huyerandommente(?)- 

la faygo es desabrida
also what the fuck

dave!! dame. :c

okay

ironies-and-shit:

magicpchooo:

ironies-and-shit:

siento que la musica me da muchas indirectas
no se si me gusta o si debo frikearme dude

¿de qué hablas? :?

mierdas varias que ocurren cuando oyes musica
y cuando eres un strider
la musica es algo importante sabias
marca la vida
y en mi caso la guia
cosa mia man

hum, supongo que entiendo un poco. a veces una pieza de piano empieza a sonar sin razón en mi cabeza y al final resulta ser algo importante!!

aunque creo que eso no tiene mucho que ver con tu problema, hehe.

¡suerte con eso, dave!

okay

ironies-and-shit:

siento que la musica me da muchas indirectas
no se si me gusta o si debo frikearme dude

¿de qué hablas? :?

Room shenanigans (Dave/John)

ironies-and-shit:

magicpchooo:

“Gracias por el halago, supongo…” Observas al joven frente a ti y sonríes, aún avergonzado. “No suelo tocar para mucha gente… Pánico escénico, ya sabes. Supongo que tú también haces algo de música? Digo, tienes ese… aire… o algo. Como sea.”

Miras tu reloj de pulsera y te das cuenta de que aún queda tiempo para el almuerzo, así que decides guardar el resto de tus cosas (bajo la intensa mirada de Dave, pero qué se le va a hacer), y miras al chico con una sonrisa. “¿Vas a almorzar o algo? Yo iba a cocinar, pero en realidad tengo una flojera horrible, así que mejor voy a ver qué tienen en la cafetería. Sólo espero que no tenga maní… O Betty Crocker.” tiemblas ligeramente y tu rostro muestra una pequeña expresión de disgusto. Revisas por última vez que todo esté en su lugar y sonríes expectante, esperando una respuesta de (wow, es extraño decir esto) tu compañero de cuarto.

Alzas la ceja y estás más que seguro que la expresión de sorpresa e incredulidad es más que patente en tu rostro. ¿Cómo puede una persona con tanto talento estar insegura de su habilidad? Sabes que está siendo modesto, pero modesto de verdad, y aquello te llama la atención. Es un chico, es sincero ¿eso existe de verdad? Parece casi utópico, mas ahí está, frente a ti y conversando con alegría y felicidad tan… ajenas a ti.

Al notar que dice “tienes ese aire” una sonrisa ladina aparece en tu rostro. ¿Aire de músico? ¿En serio? “Huh, dude, la música es mi alma, el ritmo mis latidos y mi sangre son puras notas. Si no quisiera lo que quiero seguro me dedicaría a ella a tiempo completo” comentas como nada mientras te levantas de la cama para, con orgullo, dar unas palmadas a cierto artilugio que se esconde tras una gran cubierta. No es que te guste alardear, pero cuando se trata de tus tornamesas no puedes evitar mostrar cierto aire energético y seguro sobre ti mismo. Estas orgulloso de ti y de tu habilidad, no hay dudas al respecto. Bien le darías una demostración de música al chico, le mostrarías toda tu arrolladora habilidad, mas, aun así, no crees correcto hacerlo de esa manera.

El ambiente a tu alrededor es calmo. Los restos de las notas del teclado desvaneciéndose en el aire mientras tu mirada vuelve a encontrarse con el cuerpo del otro mientras ordena. No sabes por qué, pero el otro tiene algo que no te permite despegar tus ojos de él. No lo entiendes, en lo absoluto, así que le restas importancia. Tus pensamientos son rotos de la nada por sus palabras, por su sonrisa y lo que tiene que decir en sí. Ante las menciones que hace recuerdas el paquete de maní en tu bolsillo que, ya olvidado, rogaba por ser comido. ‘Oh, Dave, sabemos que tienes hambre. ¡Cómenos!’ … Si los maníes hablaran estás más que seguro que te dirían, eso, hell yeah. Asientes a tus propias pensamientos y luego te decides a contestar al chico. “Nah, no me gusta comer con los demás. ¿Para qué si puedo disfrutar de mi comida en mi cuarto?” ignorando el hecho de que el otro mencionó con repudio a los maníes sacas tu almuerzo frente a él. A ti te gustan y te da lo mismo si al otro no. No le ibas a compartir tampoco. “Esto por hoy. Otro día me pago un sándwich o algo”.

Y es que te da pereza prepararte algo.

Al ver cómo Dave se muestra tan orgulloso de su habilidad musical, tratas lo más posible de no soltar una risita. “Me encantaría tener la mitad de la confianza que tú tienes, Dave. ¡Un día tienes que mostrarme!” Exclamas mirando con curiosidad el artefacto que el rubio trataba con tanto cariño. No estás seguro de lo que es, pero wow, luce bastante grande. 

Dave es interesante, por decirlo menos. Le gusta alardear y sin duda es bastante cool, pero también tiene algo cercano. Lo cual era extraño, porque en el tiempo en el que lo has visto con otra gente parece frío e inalcanzable. El típico coolkid que toda escuela necesita. Sin embargo, al estar a solas con él, es casi… un chico normal? Con sus intereses y la manera en la que se maneja alrededor tuyo, como si fueras alguien a quien ha conocido por años.

Y para ti es exactamente lo mismo.

La brisa en la habitación es casi imperceptible, pero puedes sentirla. Uniéndolos en un círculo.

Wow, espíritus del aire o lo que sea. Eso es increíblemente cursi.

Te encoges de hombros ante su negativa, en cierto modo la habías previsto. Le sonríes y apuntas a la puerta. “En ese caso, yo iré ahora. Y por favor, bota el paquete a la basura afuera cuando termines; no quiero tocarla por accidente. Lo siento, pero las alergias son terriblemente incómodas.” Sonreíste una vez más y te fuiste de tu habitación, sintiéndote más tranquilo y animado que en todo el resto del día.

Tenías un amigo. Estabas seguro de ello.

Room shenanigans (Dave/John)

ironies-and-shit:

magicpchooo:

ironies-and-shit:

magicpchooo:

ironies-and-shit:

magicpchooo:

El resto del día pasó aburrido y tedioso. No pudiste seguir hablando con el chico que te ayudó a encontrar tu salón y no tenías muchas ganas de socializar con el resto de tus compañeros, al menos no aún. Eso sí, te sorprendió mucho saber que Rose estaba en tu misma escuela! Esperabas poder hablar con ella un día de estos con calma y poder intercambiar opiniones sobre tu vida actual.

De momento, habían tocado el timbre del almuerzo y te dirigías de vuelta a tu habitación, ya que habías dejado tu dinero ahí y no tenías ganas de cocinar aquel día. Debido a tu fuerte alergia al maní y tu (casi paranoico) odio a la marca Betty Crocker, tu papá te había enviado una cocinilla a gas para que te cocinaras tú mismo. Podrías ir al pueblo el fin de semana y abastecerte, no era gran cosa.

Sonreíste al ver tu teclado apoyado junto a la cama. Tenía pegada una de las tan famosas notas de tu padre.

“HIJO.

YA HAS COMENZADO UNA NUEVA ETAPA.
SIN EMBARGO ESO NO SIGNIFICA QUE DEBAS DEJAR ATRÁS LO QUE TE GUSTA Y ACOMPAÑA.
ESPERO QUE ESTO TE AYUDE A SEGUIR EN TU CAMINO A SER UN HOMBRE DE BIEN.

ESTOY MUY ORGULLOSO DE TI.”

Negaste con la cabeza y guardaste el papel en un bolsillo con una sonrisa. Luego abriste tu maleta y comenzaste a buscar la billetera en donde tenías guardados tus ahorros para comida y otros insumos. 

Fuuuuuuck… las clases eran tan aburridas ¡Demasiado para tu gusto! Profesores aburridos, intolerantes, que te sacan de la sala sin razón alguna porque, ¡vamos! no hacías nada malo ¡solo te desaburrías molestando al freakshow que tenías enfrente! la culpa la traía el profesor que casi te hacía dormir y te hacía buscar formas de divertir a tu persona que, como pocas veces, terminó esta vez con una visita al despacho del director. ¡Buen trabajo, Strider! Sólo es el primer día y ya te ganaste el título de busca problemas para con el profesor que imparte historia (¿o era maestra? con ese bigote en la cara es difícil decirlo, sinceramente). 

Oh, como sea, ya era hora de almorzar y podías salir veloz de la vista de todos con calma y paz, tal como querías pasar… y es que no querías ir a comer donde todos. Nunca lo habías hecho y no veías por qué comenzar ahora. Ibas a paso lento una vez que saliste del territorio minado para pasar a la entrada de los dormitorios masculinos. Tumultos de chicos hambrientos salían corriendo agitando sus billetes a pesar de que la cafetería estaba a varios metros mientras tú, con una mano en el bolsillo apretando el paquete de maníes que tendrás por almuerzo mientras, con la otra, buscas la llave de tu habitación para pillar el maldito número que tenía grabado en la misma. Otra vez ¿Cuál era el número de tu cuarto? No eras, eres, ni serás como tu hermano, por lo que nunca tendrás cabeza para los números, así que te resignas a mirar cada cinco segundos algo que te lo recuerde para evitar problemas.

Recordaste, mientras avanzabas por los semi cálidos pasillos de los dormitorios gracias a los brillantes rayos solares que atraviesan las ventanas como los poli invasores intergalácticos que son, cierta vez en una fiesta que habías tomado bastante y apenas razonabas le pediste el número telefónico a una chica linda, diciéndole que lo anotara en un sitio donde lo pudieras recordar… no fuiste a clase esa semana, pues con marcador negro te lo escribió por toda la cara y tus brazos. Esa misma chica te llamó a ti durante todos esos días ¿cómo había conseguido tu número? el punto es que te frikeó tanto que decidiste olvidarte de su número para siempre.


Ni que te importara perder un número femenino, en todo caso. No te faltan y tampoco te llaman mucho la atención que digamos, así que…

Te detuviste frente a tu puerta mientras girabas la llave en la mano, cual baqueta de bateria o lápiz cuando estabas aburrido. Cuando terminaste de hacer idioteces con la misma abriste la puerta por fin y, alzando una ceja, te encontraste con la visión de alguien de espaldas sacando cosas de su maleta. Tu compañero de cuarto, obviamente, por lo que soltaste un bufido bastante molesto. Pensaste que podrías tener ese horario para ti sólo, que no necesitarías usar la faceta cool al menos por un par de horas, pero no. COINCIDENTEMENTE a tu compañero se le había ocurrido a aparecer por ahí. No podías culparlo, supusiste, puesto que seguro buscaba su dinero o algo así que, encogiéndote de hombros y en silencio, cerraste la puerta tras de sí mientras te cruzabas de brazos, observando a quién aún no se dignaba a mirarte (y que te parecía ligeramente familiar por alguna razón). Con la mueca pokerface a la que te habías habituado ya, y con un tono bastante relajado y casual, dejaste escapar un simple “Sup, dude” mientras mirabas su cabello.

“Ya vi ese cabello antes. ¿Dónde mierda lo vi?” 

Escuchaste la puerta abrirse suavemente y después cerrarse de la misma forma, pero no prestaste atención en primera instancia. Contaste con cuidado tu dinero (sólo diez dólares, tampoco era la idea gastarse todo el primer día) y ya estabas por guardar todo cuando escuchas (al fin!) la voz del chico que había entrado. 

Whoa.

Te diste la vuelta casi de inmediato con expresión asombrada. Ahí estaba, el chico de la clase de historia… Dave Strider, a juzgar por cómo lo llamaba la profesora furibunda ante su actitud. Tratas de reprimir un ruido que era entre asombro y una risita. El espectáculo que montó en clases fue impresionante. 

“¡Hola! Parece que compartiremos cuarto, hehe…” 

Aún no estabas muy seguro de cómo hablarle. Tienes la mala costumbre de decir algo de más y terminar lastimando a la gente. O hacer una broma muy pasada de la raya. ¡No es tu culpa! Simplemente no sabes muy bien cuándo parar. Así que preferiste no decir nada más y sólo asentir con una sonrisa nerviosa. Guardaste rápidamente el dinero en tu bolsillo sin saber qué más hacer y con unas ganas enormes de salir pitando de ahí.

Ese chico… sí, claro. Luego de que se volteó para verte pudiste recordar inmediatamente quien era. “Ojos hermosos”, pensaste para tus adentros mientras sacudías la cabeza tan rápido como esas palabras se pintaron en el lienzo de tu mente. Vamos, Dave, un par de ojos simples no pueden dominar tu mente ¡Es el día uno!

Alzaste una mano, rascandote una pecosa mejilla mientras alzabas la ceja nuevamente mientras le mirabas ¿Cuál era su nombre? Estás seguro de que te lo dijo.

“Hmm… John ¿verdad?” inquiriste con voz calmada y casual mientras avanzabas hasta donde estaba para ver qué traía en el bolso. Poco educado, como solías ser, te paraste a su lado para intrusear sus cosas y, cuando quisiste mirarle de frente, no lo encontraste en tu rango de visión. Agachaste un poco tu cabeza para verle y ahí te diste cuenta de la graciosa diferencia de tamaños que poseían. Restándole importancia volviste a mirar sus cosas: ropa muy derp, cosas derp, objetos derp… “… dude, what the fuck, eres absolutamente derp” no pudiste evitar decir mientras le veías de nuevo, las manos en tus bolsillos recordándote que tenías hambre y tenías tus deliciosos manís para calmar tu estómago. En silencio volviste a pasar tu mirada por sus cosas y, luego de fijarte mejor, pudiste darte cuenta de la presencia de un teclado. ¿Así que tenía un lado músico? Nada mal…

“El teclado te hace sumar puntos, hombre, sabes tocar esa cosa ¿no?” volviste a decir… y ahí te percataste de que estabas muy cómodo.

Carraspeaste suavemente y volviste a ser el tipo asocial de siempre. Joder, que difícil era mantener esa careta, especialmente ahora frente a alguien que, por alguna razón, con su simple presencia le instaba a seguir hablando. Era un pequeño problema, según tú: cuando te sentías demasiado cómodo o relajado se soltaba tu lengua y no podías dejar de hablar o decir estupideces. Era ahí cuando la gente comenzaba a notar que no eras quien en realidad aparentabas y aquello te molestaba.

Muy bien, ¿Qué harás ahora? si es un chico listo seguro lo habrá notado. Tiene las pintas de geniecillo… seguro lo es. 

Asientes lentamente, mirando a Dave con curiosidad. Te parecía extraño que recordara tu nombre, pero al menos eso hacía la situación menos incómoda. Lo viste revisar tus cosas y te pareció un poco extraño. Para ser un coolkid, entraba en confianza bastante rápido. Al oír que te llamaba un derp, no sabías si reír o tomártelo en serio. ¡Era difícil decidirse con ese tono monótono que usaba! De verdad que Strider era hilarante sin siquiera esforzarse.

“¡Hey! ¿A quién llamas derp, doofus? Y claro que sé tocar el teclado. Por algo lo tengo, duh.” Oops, ahí va tu boca otra vez. Lo escuchas carraspear y te preguntas si acaso fuiste demasiado lejos, como de costumbre. Bufas y tomas el teclado, enchufándolo rápidamente y sentándote en la cama porque damn, esta cosa es pesada. Pones la configuración de piano clásico y empiezas a tocar.

Al principio la melodía suena indecisa, una nota y luego otra, lento y tranquilo. De a poco vas cogiendo ritmo y la melodía toma fuerza, llenando la estancia con notas vibrantes y llenas de color. Pronto terminas y recuerdas dónde estás, y aún más importante, con quién estás. Te sonrojas ligeramente de la vergüenza y dejas el teclado a un lado con un rápido ademán.

“Lo siento… Siempre me pasa que empiezo a tocar y me quedo en mi mundo… Ugh.” Rascas ligeramente tu nuca, aún avergonzado. No esperabas darle un concierto a tu compañero de cuarto al día de conocerlo; generalmente te cuesta bastante tocar frente a cualquier persona, excepto tu papá y otros miembros de tu familia. Pero Dave te daba una sensación de comodidad, como si fuera un amigo a quien has conocido de toda la vida.

Quizás este chico es más de lo que demuestra. ¿Quién sabe? Tal vez podrían hasta ser amigos de verdad. 

Le miraste sacar el teclado e ignoraste cuando te dijo “doofus”. ¿Para qué seguirle el juego? Como decía Dirk cuando eras un enano: Más inteligente es el que ignora que el que sigue el juego… pero… ¿desde cuando te interesaba ser el más inteligente? te lanzaste a tu cama perezosamente, pero con estilo, y caiste un tanto fuerte. El impulso restante se movió hasta tus gafas, haciéndolas caer un poco, por lo que pudiste observar al otro en sus “true colors” como dice la canción: su piel era más pálida de lo que apreciaste en primera instancia; su cabello era negro, desordenado y brillante a pesar de que desafiaba la gravedad, y no parecía muy tieso, en realidad; sus ojos, brillantes y azules, traían la mirada baja mientras sacaba el teclado y lo acomodaba… “nada mal para ser totalmente nerd” pensaste mientras lanzabas un comentario respuesta “Quién sabe. Con lo inútil que es la gente hoy en día pudiste haberlo traído para que las hadas mágicas de la música te enseñaran con sus cánticos milagrosos o mierda así”.

Le viste comenzar a concentrarse mientras tocaba indecisamente, así que, sin querer molestar, guardaste silencio para poder escuchar. “Principiante. Quizás tenga potencial, pero no creo que llegue muy le- wow, ¿qué?” parpadeaste, notando cómo el ritmo comenzaba a cambiar. No eras sinestésico o algo así, pero podrías jurar que cada nota tenía color propio, una emoción distinta… y era maravilloso. No fue mucho el tiempo que se mantuvo tocando, pero fue suficiente para que quedaras deslumbrado por su talento. Alzaste tu dedo pulgar para mostrarle tu aprobación… y entonces lo viste sonrojarse “¿Eso es normal? ¿Le dio algo o qué?” te preguntaste, intrigado, mientras te ajustabas las gafas para cubrir tus ojos nuevamente al haber exagerado la exposición de tus pupilas a la luz. 

“Nada mal para ser un loser, Egderp” comentaste, sentándote en la cama para verlo de frente. Te cruzaste de brazos una vez más para aparentar coolness. ¿Cuándo iría a terminar aquello?

“Gracias por el halago, supongo…” Observas al joven frente a ti y sonríes, aún avergonzado. “No suelo tocar para mucha gente… Pánico escénico, ya sabes. Supongo que tú también haces algo de música? Digo, tienes ese… aire… o algo. Como sea.”

Miras tu reloj de pulsera y te das cuenta de que aún queda tiempo para el almuerzo, así que decides guardar el resto de tus cosas (bajo la intensa mirada de Dave, pero qué se le va a hacer), y miras al chico con una sonrisa. “¿Vas a almorzar o algo? Yo iba a cocinar, pero en realidad tengo una flojera horrible, así que mejor voy a ver qué tienen en la cafetería. Sólo espero que no tenga maní… O Betty Crocker.” tiemblas ligeramente y tu rostro muestra una pequeña expresión de disgusto. Revisas por última vez que todo esté en su lugar y sonríes expectante, esperando una respuesta de (wow, es extraño decir esto) tu compañero de cuarto.

Room shenanigans (Dave/John)

ironies-and-shit:

magicpchooo:

ironies-and-shit:

magicpchooo:

El resto del día pasó aburrido y tedioso. No pudiste seguir hablando con el chico que te ayudó a encontrar tu salón y no tenías muchas ganas de socializar con el resto de tus compañeros, al menos no aún. Eso sí, te sorprendió mucho saber que Rose estaba en tu misma escuela! Esperabas poder hablar con ella un día de estos con calma y poder intercambiar opiniones sobre tu vida actual.

De momento, habían tocado el timbre del almuerzo y te dirigías de vuelta a tu habitación, ya que habías dejado tu dinero ahí y no tenías ganas de cocinar aquel día. Debido a tu fuerte alergia al maní y tu (casi paranoico) odio a la marca Betty Crocker, tu papá te había enviado una cocinilla a gas para que te cocinaras tú mismo. Podrías ir al pueblo el fin de semana y abastecerte, no era gran cosa.

Sonreíste al ver tu teclado apoyado junto a la cama. Tenía pegada una de las tan famosas notas de tu padre.

“HIJO.

YA HAS COMENZADO UNA NUEVA ETAPA.
SIN EMBARGO ESO NO SIGNIFICA QUE DEBAS DEJAR ATRÁS LO QUE TE GUSTA Y ACOMPAÑA.
ESPERO QUE ESTO TE AYUDE A SEGUIR EN TU CAMINO A SER UN HOMBRE DE BIEN.

ESTOY MUY ORGULLOSO DE TI.”

Negaste con la cabeza y guardaste el papel en un bolsillo con una sonrisa. Luego abriste tu maleta y comenzaste a buscar la billetera en donde tenías guardados tus ahorros para comida y otros insumos. 

Fuuuuuuck… las clases eran tan aburridas ¡Demasiado para tu gusto! Profesores aburridos, intolerantes, que te sacan de la sala sin razón alguna porque, ¡vamos! no hacías nada malo ¡solo te desaburrías molestando al freakshow que tenías enfrente! la culpa la traía el profesor que casi te hacía dormir y te hacía buscar formas de divertir a tu persona que, como pocas veces, terminó esta vez con una visita al despacho del director. ¡Buen trabajo, Strider! Sólo es el primer día y ya te ganaste el título de busca problemas para con el profesor que imparte historia (¿o era maestra? con ese bigote en la cara es difícil decirlo, sinceramente). 

Oh, como sea, ya era hora de almorzar y podías salir veloz de la vista de todos con calma y paz, tal como querías pasar… y es que no querías ir a comer donde todos. Nunca lo habías hecho y no veías por qué comenzar ahora. Ibas a paso lento una vez que saliste del territorio minado para pasar a la entrada de los dormitorios masculinos. Tumultos de chicos hambrientos salían corriendo agitando sus billetes a pesar de que la cafetería estaba a varios metros mientras tú, con una mano en el bolsillo apretando el paquete de maníes que tendrás por almuerzo mientras, con la otra, buscas la llave de tu habitación para pillar el maldito número que tenía grabado en la misma. Otra vez ¿Cuál era el número de tu cuarto? No eras, eres, ni serás como tu hermano, por lo que nunca tendrás cabeza para los números, así que te resignas a mirar cada cinco segundos algo que te lo recuerde para evitar problemas.

Recordaste, mientras avanzabas por los semi cálidos pasillos de los dormitorios gracias a los brillantes rayos solares que atraviesan las ventanas como los poli invasores intergalácticos que son, cierta vez en una fiesta que habías tomado bastante y apenas razonabas le pediste el número telefónico a una chica linda, diciéndole que lo anotara en un sitio donde lo pudieras recordar… no fuiste a clase esa semana, pues con marcador negro te lo escribió por toda la cara y tus brazos. Esa misma chica te llamó a ti durante todos esos días ¿cómo había conseguido tu número? el punto es que te frikeó tanto que decidiste olvidarte de su número para siempre.


Ni que te importara perder un número femenino, en todo caso. No te faltan y tampoco te llaman mucho la atención que digamos, así que…

Te detuviste frente a tu puerta mientras girabas la llave en la mano, cual baqueta de bateria o lápiz cuando estabas aburrido. Cuando terminaste de hacer idioteces con la misma abriste la puerta por fin y, alzando una ceja, te encontraste con la visión de alguien de espaldas sacando cosas de su maleta. Tu compañero de cuarto, obviamente, por lo que soltaste un bufido bastante molesto. Pensaste que podrías tener ese horario para ti sólo, que no necesitarías usar la faceta cool al menos por un par de horas, pero no. COINCIDENTEMENTE a tu compañero se le había ocurrido a aparecer por ahí. No podías culparlo, supusiste, puesto que seguro buscaba su dinero o algo así que, encogiéndote de hombros y en silencio, cerraste la puerta tras de sí mientras te cruzabas de brazos, observando a quién aún no se dignaba a mirarte (y que te parecía ligeramente familiar por alguna razón). Con la mueca pokerface a la que te habías habituado ya, y con un tono bastante relajado y casual, dejaste escapar un simple “Sup, dude” mientras mirabas su cabello.

“Ya vi ese cabello antes. ¿Dónde mierda lo vi?” 

Escuchaste la puerta abrirse suavemente y después cerrarse de la misma forma, pero no prestaste atención en primera instancia. Contaste con cuidado tu dinero (sólo diez dólares, tampoco era la idea gastarse todo el primer día) y ya estabas por guardar todo cuando escuchas (al fin!) la voz del chico que había entrado. 

Whoa.

Te diste la vuelta casi de inmediato con expresión asombrada. Ahí estaba, el chico de la clase de historia… Dave Strider, a juzgar por cómo lo llamaba la profesora furibunda ante su actitud. Tratas de reprimir un ruido que era entre asombro y una risita. El espectáculo que montó en clases fue impresionante. 

“¡Hola! Parece que compartiremos cuarto, hehe…” 

Aún no estabas muy seguro de cómo hablarle. Tienes la mala costumbre de decir algo de más y terminar lastimando a la gente. O hacer una broma muy pasada de la raya. ¡No es tu culpa! Simplemente no sabes muy bien cuándo parar. Así que preferiste no decir nada más y sólo asentir con una sonrisa nerviosa. Guardaste rápidamente el dinero en tu bolsillo sin saber qué más hacer y con unas ganas enormes de salir pitando de ahí.

Ese chico… sí, claro. Luego de que se volteó para verte pudiste recordar inmediatamente quien era. “Ojos hermosos”, pensaste para tus adentros mientras sacudías la cabeza tan rápido como esas palabras se pintaron en el lienzo de tu mente. Vamos, Dave, un par de ojos simples no pueden dominar tu mente ¡Es el día uno!

Alzaste una mano, rascandote una pecosa mejilla mientras alzabas la ceja nuevamente mientras le mirabas ¿Cuál era su nombre? Estás seguro de que te lo dijo.

“Hmm… John ¿verdad?” inquiriste con voz calmada y casual mientras avanzabas hasta donde estaba para ver qué traía en el bolso. Poco educado, como solías ser, te paraste a su lado para intrusear sus cosas y, cuando quisiste mirarle de frente, no lo encontraste en tu rango de visión. Agachaste un poco tu cabeza para verle y ahí te diste cuenta de la graciosa diferencia de tamaños que poseían. Restándole importancia volviste a mirar sus cosas: ropa muy derp, cosas derp, objetos derp… “… dude, what the fuck, eres absolutamente derp” no pudiste evitar decir mientras le veías de nuevo, las manos en tus bolsillos recordándote que tenías hambre y tenías tus deliciosos manís para calmar tu estómago. En silencio volviste a pasar tu mirada por sus cosas y, luego de fijarte mejor, pudiste darte cuenta de la presencia de un teclado. ¿Así que tenía un lado músico? Nada mal…

“El teclado te hace sumar puntos, hombre, sabes tocar esa cosa ¿no?” volviste a decir… y ahí te percataste de que estabas muy cómodo.

Carraspeaste suavemente y volviste a ser el tipo asocial de siempre. Joder, que difícil era mantener esa careta, especialmente ahora frente a alguien que, por alguna razón, con su simple presencia le instaba a seguir hablando. Era un pequeño problema, según tú: cuando te sentías demasiado cómodo o relajado se soltaba tu lengua y no podías dejar de hablar o decir estupideces. Era ahí cuando la gente comenzaba a notar que no eras quien en realidad aparentabas y aquello te molestaba.

Muy bien, ¿Qué harás ahora? si es un chico listo seguro lo habrá notado. Tiene las pintas de geniecillo… seguro lo es. 

Asientes lentamente, mirando a Dave con curiosidad. Te parecía extraño que recordara tu nombre, pero al menos eso hacía la situación menos incómoda. Lo viste revisar tus cosas y te pareció un poco extraño. Para ser un coolkid, entraba en confianza bastante rápido. Al oír que te llamaba un derp, no sabías si reír o tomártelo en serio. ¡Era difícil decidirse con ese tono monótono que usaba! De verdad que Strider era hilarante sin siquiera esforzarse.

"¡Hey! ¿A quién llamas derp, doofus? Y claro que sé tocar el teclado. Por algo lo tengo, duh." Oops, ahí va tu boca otra vez. Lo escuchas carraspear y te preguntas si acaso fuiste demasiado lejos, como de costumbre. Bufas y tomas el teclado, enchufándolo rápidamente y sentándote en la cama porque damn, esta cosa es pesada. Pones la configuración de piano clásico y empiezas a tocar.

Al principio la melodía suena indecisa, una nota y luego otra, lento y tranquilo. De a poco vas cogiendo ritmo y la melodía toma fuerza, llenando la estancia con notas vibrantes y llenas de color. Pronto terminas y recuerdas dónde estás, y aún más importante, con quién estás. Te sonrojas ligeramente de la vergüenza y dejas el teclado a un lado con un rápido ademán.

"Lo siento… Siempre me pasa que empiezo a tocar y me quedo en mi mundo… Ugh." Rascas ligeramente tu nuca, aún avergonzado. No esperabas darle un concierto a tu compañero de cuarto al día de conocerlo; generalmente te cuesta bastante tocar frente a cualquier persona, excepto tu papá y otros miembros de tu familia. Pero Dave te daba una sensación de comodidad, como si fuera un amigo a quien has conocido de toda la vida.

Quizás este chico es más de lo que demuestra. ¿Quién sabe? Tal vez podrían hasta ser amigos de verdad. 

Room shenanigans (Dave/John)

ironies-and-shit:

magicpchooo:

El resto del día pasó aburrido y tedioso. No pudiste seguir hablando con el chico que te ayudó a encontrar tu salón y no tenías muchas ganas de socializar con el resto de tus compañeros, al menos no aún. Eso sí, te sorprendió mucho saber que Rose estaba en tu misma escuela! Esperabas poder hablar con ella un día de estos con calma y poder intercambiar opiniones sobre tu vida actual.

De momento, habían tocado el timbre del almuerzo y te dirigías de vuelta a tu habitación, ya que habías dejado tu dinero ahí y no tenías ganas de cocinar aquel día. Debido a tu fuerte alergia al maní y tu (casi paranoico) odio a la marca Betty Crocker, tu papá te había enviado una cocinilla a gas para que te cocinaras tú mismo. Podrías ir al pueblo el fin de semana y abastecerte, no era gran cosa.

Sonreíste al ver tu teclado apoyado junto a la cama. Tenía pegada una de las tan famosas notas de tu padre.

“HIJO.

YA HAS COMENZADO UNA NUEVA ETAPA.
SIN EMBARGO ESO NO SIGNIFICA QUE DEBAS DEJAR ATRÁS LO QUE TE GUSTA Y ACOMPAÑA.
ESPERO QUE ESTO TE AYUDE A SEGUIR EN TU CAMINO A SER UN HOMBRE DE BIEN.

ESTOY MUY ORGULLOSO DE TI.”

Negaste con la cabeza y guardaste el papel en un bolsillo con una sonrisa. Luego abriste tu maleta y comenzaste a buscar la billetera en donde tenías guardados tus ahorros para comida y otros insumos. 

Fuuuuuuck… las clases eran tan aburridas ¡Demasiado para tu gusto! Profesores aburridos, intolerantes, que te sacan de la sala sin razón alguna porque, ¡vamos! no hacías nada malo ¡solo te desaburrías molestando al freakshow que tenías enfrente! la culpa la traía el profesor que casi te hacía dormir y te hacía buscar formas de divertir a tu persona que, como pocas veces, terminó esta vez con una visita al despacho del director. ¡Buen trabajo, Strider! Sólo es el primer día y ya te ganaste el título de busca problemas para con el profesor que imparte historia (¿o era maestra? con ese bigote en la cara es difícil decirlo, sinceramente). 

Oh, como sea, ya era hora de almorzar y podías salir veloz de la vista de todos con calma y paz, tal como querías pasar… y es que no querías ir a comer donde todos. Nunca lo habías hecho y no veías por qué comenzar ahora. Ibas a paso lento una vez que saliste del territorio minado para pasar a la entrada de los dormitorios masculinos. Tumultos de chicos hambrientos salían corriendo agitando sus billetes a pesar de que la cafetería estaba a varios metros mientras tú, con una mano en el bolsillo apretando el paquete de maníes que tendrás por almuerzo mientras, con la otra, buscas la llave de tu habitación para pillar el maldito número que tenía grabado en la misma. Otra vez ¿Cuál era el número de tu cuarto? No eras, eres, ni serás como tu hermano, por lo que nunca tendrás cabeza para los números, así que te resignas a mirar cada cinco segundos algo que te lo recuerde para evitar problemas.

Recordaste, mientras avanzabas por los semi cálidos pasillos de los dormitorios gracias a los brillantes rayos solares que atraviesan las ventanas como los poli invasores intergalácticos que son, cierta vez en una fiesta que habías tomado bastante y apenas razonabas le pediste el número telefónico a una chica linda, diciéndole que lo anotara en un sitio donde lo pudieras recordar… no fuiste a clase esa semana, pues con marcador negro te lo escribió por toda la cara y tus brazos. Esa misma chica te llamó a ti durante todos esos días ¿cómo había conseguido tu número? el punto es que te frikeó tanto que decidiste olvidarte de su número para siempre.


Ni que te importara perder un número femenino, en todo caso. No te faltan y tampoco te llaman mucho la atención que digamos, así que…

Te detuviste frente a tu puerta mientras girabas la llave en la mano, cual baqueta de bateria o lápiz cuando estabas aburrido. Cuando terminaste de hacer idioteces con la misma abriste la puerta por fin y, alzando una ceja, te encontraste con la visión de alguien de espaldas sacando cosas de su maleta. Tu compañero de cuarto, obviamente, por lo que soltaste un bufido bastante molesto. Pensaste que podrías tener ese horario para ti sólo, que no necesitarías usar la faceta cool al menos por un par de horas, pero no. COINCIDENTEMENTE a tu compañero se le había ocurrido a aparecer por ahí. No podías culparlo, supusiste, puesto que seguro buscaba su dinero o algo así que, encogiéndote de hombros y en silencio, cerraste la puerta tras de sí mientras te cruzabas de brazos, observando a quién aún no se dignaba a mirarte (y que te parecía ligeramente familiar por alguna razón). Con la mueca pokerface a la que te habías habituado ya, y con un tono bastante relajado y casual, dejaste escapar un simple “Sup, dude” mientras mirabas su cabello.

“Ya vi ese cabello antes. ¿Dónde mierda lo vi?” 

Escuchaste la puerta abrirse suavemente y después cerrarse de la misma forma, pero no prestaste atención en primera instancia. Contaste con cuidado tu dinero (sólo diez dólares, tampoco era la idea gastarse todo el primer día) y ya estabas por guardar todo cuando escuchas (al fin!) la voz del chico que había entrado. 

Whoa.

Te diste la vuelta casi de inmediato con expresión asombrada. Ahí estaba, el chico de la clase de historia… Dave Strider, a juzgar por cómo lo llamaba la profesora furibunda ante su actitud. Tratas de reprimir un ruido que era entre asombro y una risita. El espectáculo que montó en clases fue impresionante. 

"¡Hola! Parece que compartiremos cuarto, hehe…" 

Aún no estabas muy seguro de cómo hablarle. Tienes la mala costumbre de decir algo de más y terminar lastimando a la gente. O hacer una broma muy pasada de la raya. ¡No es tu culpa! Simplemente no sabes muy bien cuándo parar. Así que preferiste no decir nada más y sólo asentir con una sonrisa nerviosa. Guardaste rápidamente el dinero en tu bolsillo sin saber qué más hacer y con unas ganas enormes de salir pitando de ahí.

Room shenanigans (Dave/John)

El resto del día pasó aburrido y tedioso. No pudiste seguir hablando con el chico que te ayudó a encontrar tu salón y no tenías muchas ganas de socializar con el resto de tus compañeros, al menos no aún. Eso sí, te sorprendió mucho saber que Rose estaba en tu misma escuela! Esperabas poder hablar con ella un día de estos con calma y poder intercambiar opiniones sobre tu vida actual.

De momento, habían tocado el timbre del almuerzo y te dirigías de vuelta a tu habitación, ya que habías dejado tu dinero ahí y no tenías ganas de cocinar aquel día. Debido a tu fuerte alergia al maní y tu (casi paranoico) odio a la marca Betty Crocker, tu papá te había enviado una cocinilla a gas para que te cocinaras tú mismo. Podrías ir al pueblo el fin de semana y abastecerte, no era gran cosa.

Sonreíste al ver tu teclado apoyado junto a la cama. Tenía pegada una de las tan famosas notas de tu padre.

"HIJO.

YA HAS COMENZADO UNA NUEVA ETAPA.
SIN EMBARGO ESO NO SIGNIFICA QUE DEBAS DEJAR ATRÁS LO QUE TE GUSTA Y ACOMPAÑA.
ESPERO QUE ESTO TE AYUDE A SEGUIR EN TU CAMINO A SER UN HOMBRE DE BIEN.

ESTOY MUY ORGULLOSO DE TI.”

Negaste con la cabeza y guardaste el papel en un bolsillo con una sonrisa. Luego abriste tu maleta y comenzaste a buscar la billetera en donde tenías guardados tus ahorros para comida y otros insumos.